Privacidad de datos: cuando “cumplir” ya no es suficiente
Durante años, la privacidad de datos se trató como un requisito administrativo.
Un aviso de privacidad publicado.
Una cláusula en un contrato firmado.
Una política archivada.
Hoy, ese enfoque ya no solo es insuficiente. Es peligroso. La visión de cumplimiento es basica, no estamos viendo el riesgo.
Las sanciones en América Latina, el crecimiento exponencial de los datos, la presión regulatoria global y el uso intensivo de tecnologías como biometría, analítica avanzada e inteligencia artificial han cambiado por completo el terreno de juego. La privacidad dejó de ser un tema legal aislado y se convirtió en un riesgo estratégico, con impacto directo en la continuidad operativa, la reputación y la confianza de clientes y usuarios.
El valor económico de los datos… y su costo real
Los datos personales ya no son solo información. Son activos con valor económico directo.
Y como cualquier activo mal gestionado, generan pérdidas.
Casos recientes en México, Brasil, Colombia, Chile y Perú lo demuestran con claridad: multas millonarias, suspensiones de operaciones, daño reputacional y exposición legal. No por ataques sofisticados, sino por malas decisiones internas, tratamientos indebidos o falta de control.
Cuando los datos generan valor, también generan responsabilidad. Y cuando esa responsabilidad no se gestiona de forma integral, el costo no es solo la sanción, sino el impacto acumulado en la confianza, la operación y la marca.
Lo barato sale muy caro cuando hablamos de datos.
Privacidad ≠ protección de datos (y confundirlos cuesta caro)
Uno de los errores más comunes en las organizaciones es asumir que privacidad y protección de datos son lo mismo. No lo son, aunque dependen una de la otra.
- Privacidad define el qué y el por qué: la intención del negocio, el respeto al derecho de las personas y los límites del uso de la información.
- Protección de datos define el cómo: los controles, procesos y medidas técnicas que hacen posible cumplir esa intención.
Cumplir con la ley no garantiza que los datos estén protegidos.
Y proteger los datos técnicamente no garantiza que el tratamiento sea legal.
Invertir en tecnología sin una política clara de privacidad es un gasto ineficiente.
Definir políticas sin controles técnicos efectivos es un riesgo legal.
Cuando estas dos dimensiones no se integran desde el diseño, la organización queda expuesta, incluso si “cumple” en el papel.
El verdadero problema no es la ley, es la trazabilidad
La mayoría de las organizaciones cuentan con políticas básicas de privacidad y protección de datos.
Lo que no tienen es trazabilidad real del dato a lo largo de todo su ciclo de vida.
Esta exigencia no es solo una buena práctica. El Reglamento de la Ley Federal de Protección de Datos Personales en Posesión de los Particulares, en su artículo 48, fracción X, establece la obligación de implementar medidas que permitan rastrear los datos personales durante todo su tratamiento.
Es decir, la ley no exige únicamente avisos o documentos formales, sino control efectivo y demostrable.
La adopción de tecnologías como la inteligencia artificial ha dejado esto aún más en evidencia. La IA no crea el problema: lo expone. Automatiza decisiones, amplifica errores y vuelve visibles brechas que antes estaban ocultas.
Para evaluar si la trazabilidad existe realmente, vale la pena hacerse este autodiagnóstico básico:
- ¿Sabes exactamente dónde se obtiene cada dato personal?
- ¿Puedes justificar para qué se utiliza y durante cuánto tiempo?
- ¿Tienes visibilidad clara de quién accede a esa información?
- ¿Conoces dónde se almacena y en qué sistemas?
- ¿Puedes identificar con qué terceros se comparte?
- ¿Tienes certeza de cuándo y cómo se elimina?
Si estas preguntas no pueden responderse con claridad, la privacidad se queda en el papel, pero no vive en la operación diaria.
Riesgo acumulado: cuando el crecimiento de datos supera al control
El crecimiento acelerado de los datos, la complejidad del negocio y los cambios normativos constantes generan un efecto acumulativo. El riesgo no explota de inmediato. Se acumula.
La falsa sensación de cumplimiento, la falta de monitoreo continuo y la ausencia de un programa estructurado hacen que los incidentes de privacidad, las sanciones y la pérdida de confianza dejen de ser escenarios improbables. Se convierten en consecuencias previsibles.
Privacidad más allá del cumplimiento
Un programa efectivo de privacidad no se construye con un documento, sino con capacidades interrelacionadas que operan de forma coordinada:
- Gobierno y estrategia
- Análisis de riesgos
- Clasificación de la información
- Concientización organizacional
- Monitoreo continuo
- Capacidades tecnológicas
Esto exige colaboración real entre Legal, Seguridad, Tecnología y Negocio. Exige pasar del enfoque reactivo al preventivo. Y, sobre todo, entender que la privacidad es un proceso vivo, no un proyecto con fecha de cierre.
Privacidad como cimiento de la IA y la innovación
Las organizaciones que hoy buscan implementar inteligencia artificial, automatización o biometría suelen concentrarse en el modelo, la eficiencia o el retorno de inversión. Sin embargo, sin un programa sólido de privacidad, cualquier iniciativa de IA nace con un riesgo estructural.
La IA Governance no empieza con algoritmos, empieza con datos: su origen, su legitimidad, su calidad y su control. Sin trazabilidad, consentimiento claro y límites definidos, la IA no solo escala valor, también escala errores, sesgos y riesgos regulatorios.
La privacidad no es un freno a la innovación. Es el habilitador de la confianza digital que permite usar tecnologías avanzadas sin comprometer a las personas ni destruir la relación con clientes, usuarios y reguladores.
De la evaluación al control: el rol del Privacy Impact Analysis (PIA)
El Privacy Impact Analysis (PIA) no es un trámite administrativo. Es el punto donde convergen lo legal, lo técnico y lo organizacional.
Un PIA bien ejecutado proporciona al C-Suite una visión clara del riesgo residual del negocio, permite priorizar controles proporcionales y evita tanto la sobreinversión innecesaria como la subprotección de información crítica.
Sin PIA, la privacidad se gestiona a ciegas.
La decisión que define el futuro
La pregunta ya no es si una organización cumple hoy con la ley. La pregunta es si está preparada para sostener ese cumplimiento cuando el volumen de datos, la regulación y la adopción de tecnologías emergentes sigan acelerándose.
La privacidad ya no es solo un tema legal. Es un indicador de madurez, control y confianza.
Y en un entorno donde los datos son el motor del negocio, la confianza es el activo más difícil de recuperar.
Juan Carlos Carrillo
CEO & Founder, ONESEC
Desde ONESEC acompañamos a las organizaciones a cerrar la brecha entre diagnóstico y operación, construyendo y operando programas de privacidad y protección de datos que integran riesgo, tecnología y negocio de forma continua.